Real Sociedad | A por ellos: Un ejemplo para el fútbol

Isak conduce el balón en la final del pasado sábado, perseguido por vencedor y por Yeray.
07.04.2021 | 00:20 | Reala

El pasado sábado, antes de que la Real nos hiciera a todos campeones de Copa, cuando me encontraba sentado en mi sitio esperando a que comenzara el encuentro (a pesar de la altura bajé cuatro veces al baño porque no aguantaba en mi localidad, con las consiguientes subidas de escaleras por las que aún tengo agujetas), me acordé de Mourinho. Lo desveló Sergio Ramos en una entrevista: "Yo era muy caliente en esa época y Mou también entendía que un abrazo al rival perdiendo no era bueno... Pero nos reunimos con los del Barcelona para hacer un pacto de no agresión, de convivencia, de la que nos sacó Mourinho, aunque no fuese el único responsable. Pero estábamos con otra mentalidad que felizmente pudimos cambiar a tiempo para ganar también con la selección". Lo recordé mientras veía a los jugadores de la Real y del Athletic mezclados en el terreno de juego, charlando tranquilamente. No estoy hablando de un simple saludo. Varios de ellos, sobre todo los que no salieron en el once, se pasaron un buen rato conversando amistosamente entre ellos. Si lo llega a ver el malencarado luso hubiese montado en cólera con los suyos.

Creo que la anécdota ya la conté el día siguiente al derbi de los canteranos, en el que Sangalli y compañía asaltaron un San Mamés que estaba convencido de que iba a golear a una Real plagada de bajas. Yo me iba a pasar unos días de vacaciones al sur y me encontré en el aeropuerto con Mikel Oyarzabal e Igor Zubeldia, que a los pocos minutos se juntaron con Unai Simón y Unai Núñez, camino de una concentración con la sub'21. Los cuatro se llevaban muy bien desde hace tiempo, ya que no hay que olvidar que la selección de Euskadi de su generación se proclamó campeona de España, jugando con Oyarzabal y Villalibre en punta y con el azkoitiarra de capitán. Natural, como la vida misma.

Lo comenté en un artículo en la resaca de la final de la Copa. El derbi vasco por excelencia, la rivalidad Real-Athletic, salió más fortalecida que nunca tras el duelo de Sevilla. Lo hizo además tras una situación límite y de máxima tensión. Ni un solo mal gesto en la final, ni una fea entrada y un evidente respeto mutuo absoluto. El Athletic, el perdedor, demostró una actitud señorial en la derrota, con mención especial a Muniain y a Iñigo Martínez, cuyas sinceras felicitaciones fueron dignas de no ser olvidadas jamás y de ser mostradas en las escuelas de fútbol. Y la Real, como vencedor, solo se preocupó porque había vencido una Copa 34 años después, sin darle excesiva trascendencia al hecho de que lo habían logrado ante el eterno rival. Es más, los abrazos entre los jugadores de ambas escuadras dejaron esa sensación de que, al menos los realistas, hubiesen preferido haber alcanzado la gloria ante otro adversario menos conocido. Ni un roce en la tribuna de prensa a pesar de estar los medios de ambos territorios mezclados. Todo fue precioso, lo que compensó mínimamente la ausencia de aficionados que hubiese dado un colorido memorable a las gradas de La Cartuja.

Como era de esperar, después de que ninguno de los clubes metiera la pata, no han tardado en aparecer los más torpes y faltones en su intento por intoxicar el triunfo txuri-urdin. Insisto, en mi opinión vencedores y vencidos estuvieron impecables. A partir de ahí, las polémicas más propias de Sálvame me la traen completamente al pairo. Escuchar a un alcalde hacer un ridículo espantoso criticando a la trompeta de Illarra, que ni la había llevado él a Sevilla y que sabe tocarla desde niño al haber sido miembro de una banda en Mutriku, o a periodistas exigiendo respeto a la Real, simplemente me da pena después de lo vivido. Aquí cada uno es esclavo de sus palabras y cada palo aguanta su vela. Un modesto consejo, cuanto antes asuman que lo importante de lo sucedido es que han perdido, seguro que les irá mucho mejor. Que cada uno celebre como quiera, a ver si les entra en la cabeza de una vez a algunos, porque vaya piel más fina demuestran cuando pierden...

Pero hay una cuestión en la que no entiendo a la Real. El famoso pasillo. Que conste que no soy dudoso, porque tengo testigos de ambos bandos que pueden confirmar que yo dejé claro que si los nuestros perdían tenían que recibir entre aplausos a su rival. Cuando se supo la fecha del partido de Liga, desde Anoeta comenzaron a dejar caer un mensaje extraño y desconcertante sobre el no hacer pasillo que, antes de jugar, atufaba a miedo y, después de vencer, un poco a compasión. Y a mí al menos nada me ofendería más percibir esa sensación en mi verdugo. La Real abrió un debate estéril y absurdo, que solo alimentó ella misma porque el Athletic no dijo ni mú y la intención de sus capitanes siempre fue completarlo en caso de derrota. Y es que se equivoca Aperribay, porque hacer pasillo no tiene nada que ver con la humillación que nos han vendido cuando se lo han hecho los dos gigantes, que siempre lo embarran todo, sino con valores educativos, de respeto, de deportividad y de reconocimiento al vencedor. Es otra forma de dar ejemplo y si no que se lo pregunten a los del rugby, que se hacen pasillo mutuamente al acabar y en ocasiones los jugadores aplauden al que le ha abierto la cabeza o le ha volado un diente. Aparte de ser una tradición histórica que no veo por qué la Real debe poner en duda o cuestionar. Ni que ganara muchas cosas como para modificarla. No es algo que me quite mucho tiempo en mi vida ni que me vaya a ofender, pero Aperribay debió tener cuidado porque estaba haciendo funambulismo sobre una línea peligrosa que puede llegar a ofender mucho. Me hubiese sorprendido mucho que el Athletic no hiciera el pasillo, como anunció con rotundidad y orgullo Marcelino García Toral. Desde el mayor de los respetos a todas las opiniones, sin acritud e instalado en mi felicidad absoluta desde que somos campeones, el título para siempre, creo que el derbi de hoy, aparte de tener mucha miga, es de una importancia capital en la otra carrera trascendental de esta frenética temporada, la de volver a Europa. Y solo vale ganar de nuevo. Así funciona esto, sin tregua. Tócala otra vez, Real€ ¡A por ellos!

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